jueves, 31 de marzo de 2016

¿Tienes una correcta comunicación afectiva?

La comunicación es la base de nuestras relaciones sociales. Cualquier relación que tengamos con los demás se basa en la comunicación: amigos, pareja, familia, trabajo, hasta ir a cenar. En todas estas situaciones necesitamos de la comunicación para establecer el trato. 



Todos conoceréis a gente que se expresa con mucha facilidad, que es muy habladora y que no tiene ningún problema a la hora de hablar y relacionarse con los demás, pero también conoceréis a aquellos que a la hora de comunicarse tienen más problemas. Esas personas que no son tan elocuentes, que en muchas situaciones no saben de qué hablar o simplemente que no tienen la facilidad de palabra que tienen los otros y no saben expresarse tan bien. Pueden tener problemas expresando sus opiniones o sentimientos o a la hora de hacer peticiones a los demás o incluso problemas para decir no.

Tener una carencia de habilidades sociales nos puede afectar en muchas áreas de nuestra vida. Una de las áreas en la que la falta de comunicación puede llegar a acarrear muchos problemas es la pareja.
La comunicación es uno de los pilares básicos en los que se apoya la relación de pareja. Si no hay buena comunicación, si la pareja no es asertiva (si quieres saber más sobre asertividad pincha aquí) pueden aparecer muchos problemas  que incluso lleven a cortar la relación.

Para saber si nuestra comunicación afectiva es correcta o no ten en cuenta los siguientes principios y fíjate en si están en tu relación o no.

Principios para lograr una correcta comunicación afectiva

  1. Es más apropiado hacer una petición que una demanda. Las primeras demuestran respeto por el otro y mejoran la comunicación. Es muy distinto escuchar:"¿puedes apagar la tele mientras hablamos?” que "¡cuando estamos hablando, quiero que apagues la tele!"
  2. Es mejor hacer preguntas que acusaciones. Las acusaciones sólo desencadenan defensa y no llevarán, por lo tanto, a ningún lado. Es diferente, aunque signifique lo mismo, decir "¿me estás escuchando?" que "¡otra vez no me estás escuchando!"
  3. Al criticar a la otra persona, hablar de lo que hace, no de lo que es. Las etiquetas no ayudan a que la persona cambie, sino que refuerzan sus defensas. Hablar de lo que es una persona sería: "te has vuelto a olvidar de sacar la basura. Eres un desastre; mientras que hablar de lo que hace sería: "te has vuelto a olvidar de sacar la basura. Últimamente te olvidas mucho de las cosas".
  4. No ir acumulando emociones negativas sin comunicarlas, ya que producirían un estallido que conduciría a una hostilidad destructiva.
  5. Discutir los temas de uno en uno, no "aprovechar" que se está discutiendo sobre la impuntualidad de la pareja para reprocharle de paso que es un despistado, un olvidadizo y que no es cariñoso.
  6. Evitar las generalizaciones. Los términos "siempre y "nunca" raras veces son ciertos y tienden a formar etiquetas. Es diferente decir: "últimamente te veo algo ausente" que "siempre estás en las nubes".
  7. No guiarse por una excesiva sinceridad en la pareja. Algunas cosas deben de pensarse antes de decirse, si las consecuencias no van a ser positivas. "Últimamente me noto más frío respecto a ti. No sé si todavía me gustas" puede ser muy sincero, pero habría que esperar antes de echarle a la pareja ese jarro de agua fría. Quizás sólo es un sentimiento pasajero sin ninguna importancia. Si realmente no lo es, siempre se está a tiempo de plantearlo.
  8. La comunicación verbal debe de ir acorde con la no verbal. Decir "ya sabes que te quiero" con cara de fastidio dejará a la otra persona peor que si no se hubiera dicho nada.
Basado en "La asertividad, expresión de una sana autoestima" de Olga Castañer

Si no es así, aquí tienes unos consejos que te pueden ayudar a mejorarla:
  • Expresalé a tu pareja cosas positivas. Tanto verbales como materiales.
  • Agradecelé cuando te exprese él o ella a ti las cosas positivas. Muchas veces nos olvidamos de esta parte y es importante porque agradecerlo hace saber a la otra persona que nos gusta y que aumenta la probabilidad de que lo repita.
  • Pide gratificaciones: parece que la otra persona tiene que saber en todo momento lo que queremos y dárnoslo, pero esto no es así, nadie es adivino, por lo que es mucho mejor comunicar abiertamente qué y cuánto nos gustaría que hiciera la otra persona por nosotros.
  • Expresa sentimientos negativos cuando los haya y de la forma más asertiva posible: sin culpar al otro, sin sobreentendidos y sin hacernos la víctima.
  • Empatiza: hay que ser capaces de ponernos en el lugar del otro y ver el problema desde su punto de vista, esto es algo importantísimo y que se da muy poco en la pareja.

Si queréis saber más: 
- https://www.facebook.com/lidiadonetpsicologia/

miércoles, 13 de enero de 2016

¿Qué hago cuando mi hijo tiene pesadillas?


¿Quién no se ha preguntado alguna vez porque tiene pesadillas? Muchísimas veces tenemos pesadillas a lo largo de nuestra vida, desde que somos pequeños. Con forme nos vamos haciendo mayores aprendemos a diferenciar entre sueño/fantasía y realidad y nos vamos dando cuenta poco a poco, de que las pesadillas son algo completamente inocuo. Cuando tenemos hijos, muchas veces nos preguntamos cuál es la forma correcta de actuar ante ciertas situaciones. Y ¿cuál es la forma correcta de actuar cuando un niño tiene pesadillas? ¿Tenemos que ir a tranquilizarle? ¿Cómo lo hacemos para que estas pesadillas no se conviertan en miedo a la oscuridad o a dormir sólo?

Primero que todo tenemos que saber que son exactamente las pesadillas.

Las pesadillas son sueños terroríficos que despiertan a la persona desde la fase del sueño REM (rapid eye moviment), fase donde más actividad cerebral presenta nuestro cerebro mientras dormimos, llevándola a un estado de plena vigilia en el que puede recordar con detalle la ensoñación. Por lo general, adoptan la forma de un sueño largo y elaborado que se va haciendo más angustioso hasta que la persona se despierta. Las temáticas más comunes son: amenazas a la integridad física (ataques) o a la autoestima (por ejemplo un fracaso personal), pudiendo ser tal contenido reflejo de experiencias reales o fantaseadas o una combinación de ambas.

Las pesadillas tienen la capacidad de producir malestar subjetivo a las personas que las sufren Cuando tenemos una pesadilla sentimos una intensa y prolongada sensación de miedo. Si tenemos pesadillas habitualmente, estas nos pueden provocar fatiga debido a los continuos despertares o miedo a dormirnos ante la expectativa de sufrir otra pesadilla, lo que puede derivar en cansancio, somnolencia, dificultades para concentrase, irritabilidad, preocupación o sensación de indefensión, que pueden a su vez, afectar a nuestro funcionamiento normal durante el día.

En los niños, las pesadillas frecuentes e intensas pueden provocarles miedo a dormir o a la oscuridad, resistencia a irse a la cama, dificultades para conciliar el sueño, sueño insuficiente y malestar durante el día. Esto puede afectar a la familia ya que el niño cuando tiene una pesadilla reclamará la atención de los padres y alterará el sueño de estos.

¿Por qué tenemos pesadillas? No está muy claro el origen. En los niños se puede deber a varios factores:
o   estados de ansiedad o preocupación ante situaciones o nuevas demandas del entorno (aprender a utilizar el WC, deberes del colegio…)
o   fobias típicas de estas edades
o   situaciones características de estas edades (volver al colegio, celos entre hermanos, separación de los padres…)
o   falta de maduración cognitiva y de habilidades verbales necesarias para comprender y comentar estas situaciones.

Cuando un niño tiene pesadillas, la actitud de los padres es muy importante, puesto que hay ciertos comportamientos que hacen que estas se mantengan. Por ejemplo, si cuando un niño tiene una pesadilla obtiene una atención mayor de sus padres que de normal, esto puede ser una forma de llamar su atención; o si tener una pesadilla le sirve para evitar alguna obligación, puede aprender a utilizarlas como excusa, por ejemplo si un padre deja que su hijo no vaya al colegio porque esa noche ha tenido pesadillas, el niño puede aprender a utilizarlas como forma de librarse de esta obligación.

Por tanto, nuestra forma de actuar cuando nuestro hijo tiene una pesadilla es muy importante y tenemos que saber cómo hacerlo.

Aquí tenéis unos consejos sobre cómo actuar ante las pesadillas de vuestros hijos:

        
  Establecer unos hábitos de sueño regulares que ayuden a vuestro hijo a identificar el momento de irse a dormir. Para esto es recomendable realizar una serie de actividades relajadas y positivas antes de irse a dormir, por ejemplo: cenar, bañarse, ponerse el pijama y leer un cuento. Realizar estas pautas cada noche de forma que creemos una rutina.

   Si el niño/a se levanta de noche y acude al dormitorio de los padres, hay que mandarlo tranquilamente de vuelta a su habitación. Repetir esta maniobra tantas veces como sea necesario hasta que el niño/a tenga claro que no va a conseguir nada y que debe permanecer en su cama.

       En el momento de la pesadilla, no es muy recomendable comentar con detalle el contenido del sueño ya que podría activarse aún más y eso dificultaría que volviera a conciliar el sueño. Sin embargo, al día siguiente se puede hablar del tema, porque muchas veces cuando los niños hablan de sus temores se sienten mejor y además permite a los padres saber qué puede estar afectando a su hijo y cómo de serio es el problema.

       Si el niño/a se despierta por la noche asustado por la pesadilla, no entrar en el dormitorio encendiendo la luz, puesto que si la encendemos el niño puede asociar oscuridad con peligro y luz con nuestra compañía, y derivar en una fobia a la oscuridad. Por lo tanto, encender una luz suave como la de la lamparilla de noche y cuando este más tranquilo/a, el niño debe de volver a dormirse con la luz apagada.

     .   Reforzar a nuestro hijo/a en todos aquellos momentos en los que hace algo bien y animarlo a que durante el día realice actividades divertidas que le permitan relajarse.

Espero que esta información os haya sido útil. Si queréis aprender más sobre los sueños, podéis consultar la siguiente entrada del blog:


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miércoles, 23 de diciembre de 2015

Una año de Una Psicóloga Sin Diván

¡Hace ya un año! No me lo puedo creer. Hace un año que decidí tener un trocito en este inmenso espacio de Internet para poder hablar, contaros y responder vuestras dudas sobre psicología.
Desde el momento en que decidí empezar el blog, empezaron también ha sucederse los cambios en mi vida, y uno tras otro Una Psicóloga Sin Diván ha ido haciéndose grande.

Decoración navideña de la Clínica 
En Junio abrimos consulta, como ya sabéis, en Castelló de Rugat y tampoco me puedo creer que ya haga 6 meses. Durante este tiempo hemos hecho talleres de relajación tanto en Gandía y en Castelló de Rugat y distintas charlar cómo Qué un psicólogo, para hacer llegar a todo el mundo el papel que tenemos los psicólogos dentro de la sociedad y en que podemos ayudar y también sobre la ansiedad, concretamente sobre la ansiedad por la comida, para aprender que es y también estrategias para manejarla.

Han pasado por la consulta muchas personas a las cuales estoy muy agradecida por la confianza que me han dado y la oportunidad de trabajar con ellos. Cada sesión, nos hemos esforzado por mejorar, por aprender y aumentar el conocimiento de nosotros mismos. Gracias a todos vosotros que confiáis en mi, por que de vosotros sigo aprendiendo cada día y hacéis que Una Psicóloga Sin Diván siga creciendo y siendo mejor.

Todo este trabajo ha hecho que haya dejado un poco de lado el blog, pero con el nuevo año, llegan proyectos e ideas nuevas para este espacio. También llegan nuevos proyectos para la consulta y os animo a que os mantengáis atentos tanto al blog como al perfil de facebook para  enteraros de las novedades: cursos, nuevas charlas, colaboraciones, etc.

https://www.facebook.com/lidiadonetpsicologia/?ref=hl

Agradecer desde aquí al equipo de la Clínica Lorena Ribes, a The Body Gandía y a Herboristería La Rosella por sus colaboraciones con la consulta, aportando instalaciones para los talleres y colaborando en la promoción de los mismos. Muchas Gracias.

Y sín más que deciros, desde la Consulta de Psicología de Lidia Donet y desde todo el equipo de la Clínica Lorena Ribes os deseamos

¡¡¡¡Feliz Navidad y un muy próspero Año Nuevo!!!





lunes, 2 de noviembre de 2015

¿Cómo se afrontan los miedos?

María ha empezado a trabajar de recepcionista en un hotel. Siempre ha sido algo tímida y la perspectiva de tener que hablar con tanta gente le asustaba. Los primeros días lo pasó mal, se ponía roja y le costaba mantener la mirada. Pero algo fue sucediendo poco a poco. Es como si se hubiera adaptado a la situación. Unas semanas después de empezar, se siente cómoda, tranquila, es más, parece disfrutar con el contacto social.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo es posible que a María ya no le asuste estar en la recepción y hasta se sienta cómoda y le guste su nuevo trabajo? ¿Ha superado sus miedos?



Sí, María se ha enfrentado a la situación una y otra vez y al final se ha dado cuenta de que su trabajo es agradable y que no tiene ningún peligro, por lo que no tiene por qué estar asustada. Además su mente también lo ha entendido y ya no se pone nerviosa antes de ir a trabajar, ya no se le acelera el pulso, ni siente calor y las otras sensaciones de la ansiedad.
María ha superado sus miedos a través de lo que se conoce como el principio de exposición: cuando afrontamos una situación, sea la que sea, que nos produce miedo, el malestar acaba desapareciendo. Nos habituamos a ella y el miedo se extingue.

Esto se produce porque para nuestro organismo y nuestra supervivencia la ansiedad extrema o cualquier otra emoción intensa que produzca un desequilibrio en nuestro organismo nos hace desperdiciar mucha energía. Esta energía malgastada, sobre todo si no hay un peligro real, está mal vista por los mecanismos de nuestro cuerpo que se encargan de preservar la especie. Lo podríamos comparar cuando encendemos el motor del coche y aceleramos en punto muerto. Se estaría gastando energía que no contribuiría a nada práctico.

Así pues, nuestro organismo es experto en adaptarse. Cualquier situación nueva a la que nos enfrentamos provoca reacciones de alarma en nuestro cuerpo  pero rápidamente nos adaptamos para volver a un equilibrio de gasto energético y no desperdiciar nuestros recursos. Por ejemplo: cuando nos metemos en una piscina fría nuestro cuerpo se adapta, en un entorno ruidoso nuestro cuerpo se adapta, y si hace mucho calor nuestro cuerpo, también se adapta.

El principio de exposición es tan potente y usual que ocurre igual en las emociones positivas. Desafortunadamente para nuestro disfrute personal, cuando una situación tiene la capacidad de provocarnos emociones agradables, positivas o placenteras y nos exponemos una y otra vez a ellas, la intensidad de las emociones agradables se va reduciendo. El más delicioso de los manjares o la puesta de sol más espectacular va reduciendo su impacto a medida que repetimos la experiencia, ya que a nuestro organismo no le gusta desequilibrarse.

Esto parece muy fácil, pero supongo que estaréis pensando, si pero ¿cómo me enfrento a algo que me da mucho miedo de verdad? cuando estoy en esa situación, me bloqueo y tengo un malestar tan alto que no puedo reaccionar de otra forma que no sea escapando de esa situación o haciendo todo lo posible para evitarla. 



Cuando ocurre esto y es realmente un problema para nuestro día a día es el momento de acudir a un profesional de la psicología y ponerse manos a la obra para solucionar nuestro problema, el principio de exposición será el mismo, pero se trabajará de una forma más profunda y con la supervisión de un profesional, ya que si intentamos afrontar nuestros miedos "a lo loco", lo que puede pasar es que no lo sepamos controlar y acabemos perjudicándonos más de lo que nos ayuda. Con un psicólogo entenderás tu problema y aprenderás poco a poco a enfrentarte a él, sin que tu malestar llegue nunca a descontrolarse. 

Así que si es tu caso y quieres solucionar el problema no dudes en ponerte en contacto con un profesional que pueda ayudarte y DEJA DE VIVIR CON MIEDO. 



viernes, 18 de septiembre de 2015

¿Son importantes las normas para la educación de nuestros hijos?

Cuantas veces se habla de cómo inculcarles a los niños los valores  y las normas y sobretodo de cómo ponerles límites. Pero ¿Por qué son tan importantes?


Las normas y los hábitos así como el cumplimiento de las mismas traen como consecuencia el autocontrol y la autorganización, lo que supone que el niño se hace poco a poco responsable de su comportamiento. Además facilitan la adaptación e integración en los grupos, en los contextos en los que se interactúa y en la sociedad en general.
Cuando hablamos de normas en los niños, podemos organizarlas en una pirámide, estando en la base las más importantes, sin las cuales es difícil exigir o mantener las otras normas.

 




A la hora de poner las normas no basta con decírselas al niño y ya está, como recordaréis del post anterior, desobedecer el algo que se produce constantemente, y por tanto el cumplimiento de las normas es un aprendizaje que se tiene que ir mejorando cada día.
Por tanto, es importante tener en cuenta:
-          Las normas que ponemos necesariamente han de poder ser comprobables, es decir:
o   Cuando la norma es “has de hacer los deberes” pero luego no comprobamos si los ha hecho o no, si los ha hecho todos…
o   “Lávate las manos antes de comer” pero luego no comprobamos si lo ha hecho o no.
o   “No quiero que juegues con el ordenador  más de una hora” pero no hay ningún adulto en casa para supervisarlo.
o   “Como  te has  portado mal no ves tu serie favorita” pero se queda en casa de los abuelos y sí que la ve.
Ejercicio: Haz una lista de todas las normas que le has puesto a tu hijo con sus límites y sus consecuencias pero que luego no puedes comprobar si se llevan a término o no. 

-          Un exceso de normas puede ser perjudicial. Hemos de seleccionar las más importantes.

-          Se ha de explicar al niño el porqué de la norma, es decir, el valor que hay detrás de la misma. La diferencia entre enseñar y exigir la norma está en que el niño entienda y acepte el valor que hay detrás de ella.

-          Las normas es mejor plantearlas en positivo. Es más efectivo decir “cuando termines los deberes puedes salir” que “no sales hasta que termines los deberes”.

-          Hemos de tener en cuenta la de edad del niño, la situación personal o familiar a la hora de ponerla.

-          Podemos establecerlas conjuntamente con el niño. Aunque hay normas que no se discuten  y que son imperativos, como todas aquellas relacionadas con el respeto: Hablar correctamente, Respetar a las personas…

-          La norma ha de ser siempre la misma, no puede variar en función del momento, de cómo nos encontremos o de quien esté presente. Al igual que sucede con las consecuencias que derivan del no cumplimiento.
Si no ha respetado a su hermano y le ha pegado, se tiene que aplicar siempre la misma consecuencia, no puede por ejemplo de si estoy más enfadado o menos, más cansado o menos.

-          El incumplimiento de la norma siempre va acompañado de una consecuencia, ya que si el niño aprende que al saltarse una norma no sucede nada es más fácil que vuelva a saltársela en ocasiones futuras.

Si os ha gustado no os perdaís los próximos post del blog y podéis encontrar más información en mi página de facebook: https://www.facebook.com/lidiadonetpsicologia. No olvidéis darle a Me gusta.


domingo, 16 de agosto de 2015

¿Hacer dieta es suficiente?

¿Quién no ha hecho dieta alguna vez? ¿Quién no ha intentado por las razones que sea comer mejor? ¿Quién nunca ha hecho cosas raras con la comida?

Si miramos a nuestro alrededor la mayoría de las personas que nos rodean están preocupadas por su imagen y su peso y a casi todos nos gustaría cambiar algo de nuestro cuerpo. Para esto nos dejamos arrastrar por la publicidad y por todo lo que nos venden que parece que nos llevará a conseguir lo que queremos con el mínimo esfuerzo.

           -          Exterior vs. Interior. La importancia de lo que tenemos dentro. Pincha aquí.
La dieta de la piña, comer menos de esto y más de aquello, comer solo fruta por las noches, hacer la dieta de Pepita porque a ella le ha ido muy bien, la dieta de la revista porque dicen que…, la dieta Dukan, la dieta depurativa,  el método no sé qué… y así hasta muchísimas más que vistas objetivamente no tienen ningún sentido. De esta forma intentamos controlar nuestra alimentación y bajar esos kilos de más… Pero en la mayoría de los casos lo que se consigue es cansarse de la dieta y recuperar o incluso engordar más que antes de empezarla debido al “efecto rebote”.
Cuando hacemos una dieta de este tipo no nos damos cuenta de que puede tener efectos negativos sobre nuestra salud, pudiendo llegar a causar graves problemas físicos y psicológicos:  
  1. Agravar el riesgo metabólico de las personas.
  2. Provocar desnutriciones proteicas y déficit en vitaminas y minerales.
  3. Desencadenar trastornos del comportamiento alimentario (anorexia y bulimia), a veces de mayor gravedad que el exceso de peso que se pretendía corregir. (Para más información sobre TCA pincha aquí .)
  4. Producir efectos psicológicos negativos.
  5. Favorecer el efecto rebote.

En un estudio en que se siguió la evolución de 22.944 adultos durante 10 años, se concluyó que el consumo prolongado de dietas pobres en carbohidratos y ricas en proteína se asocia a un incremento en la mortalidad total.

También es verdad que cada día aumenta la gente que quiere mejorar su alimentación y acude a un profesional, es decir, un nutricionista. De esta forma nos aseguramos de que la dieta que vamos a empezar a hacer es una dieta equilibrada, controlada y basada en argumentos científicos.

Aunque a veces, el mero hecho de que nos den una dieta no es suficiente para lograr cambiar nuestros hábitos y parece ser que falta algo más en la ecuación para poder llegar al objetivo deseado.

Diversos estudios demuestran que la pérdida de peso lograda exclusivamente a través del seguimiento de dietas hipocalóricas muestra un elevado índice de fracaso por las dificultades de adhesión mantenida al tratamiento como por la recuperación del peso una vez conseguida la meta. Podéis encontrar un ejemplo en:

Y es ahí donde entra el asesoramiento psicológico.

El mayor reto en la vida es descubrir quien eres. El segundo mayor reto es ser feliz con lo que encuentras. 

Cuando trabajamos desde la perspectiva psicológica en el tratamiento nutricional, se trabaja en:
  •          Clarificación de metas y objetivos
  •          Aumento de la motivación
  •          Aumento de la autoestima
  •          Resolución de problemas durante el tratamiento nutricional
  •          Control de impulsos
  •          Ansiedad por la comida y técnicas para controlarla

Con esto conseguimos controlar los factores que hacen que el tratamiento nutricional fracase y abordar desde un enfoque multidisciplinar el objetivo de perder peso, mejorando los hábitos alimentarios y atendiendo a los factores psicosociales.

Por tanto, si quieres perder peso, lo has intentado muchas veces y no has conseguido los resultados deseados, no dudes en acudir a un psicólogo que te pueda ayudar. En la actualidad ya hay muchas clínicas nutricionales donde trabajan con la colaboración de psicólogos y ofrecen tratamientos donde se combina la nutrición con la psicología.



lunes, 3 de agosto de 2015

¿Por qué nuestros hijos no nos obedecen? 15 razones para entenderlo

Educar a los niños es la tarea más difícil que existe. Ayudar a una persona a crecer, a aprenderlo todo, enseñarle lo que está bien y lo que está mal, ponerle límites y enseñarle a cumplirlos...todo esto es un trabajo que ocupa los 365 días al año y para el que se necesita mucha paciencia y mano izquierda ya que los niños no vienen con manual de instrucciones.  


Muchos de esos días nuestros hijos se nos ponen en plan rebelde y no hacen lo que nosotros queremos, se portan mal, hacen aquello que les hemos prohibido… y esto nos lleva a pensar ¿Por qué? ¿Me está vacilando? ¿Me quiere dejar mal? ¿No me respeta? ¿Por qué me tengo que pelear con él cada vez que quiero que haga algo?

A continuación se exponen 15 razones por las que nuestros hijos no hacen lo que se les dice o hacen lo prohibido. Y con estas razones os propongo a todos los padres un ejercicio muy sencillo. De las 15, seleccionar aquellas que como padre/madre y adulto también habéis utilizado como excusa en alguna ocasión, que penséis en que situación y cuál era la finalidad para haberlo hecho.

15 RAZONES POR LAS QUE NUESTROS HIJOS NO HACEN LO QUE SE LES DICE

RAZONES POR LAS QUE LOS NIÑOS NO HACEN LO QUE SE LES DICE O HACEN LO PROHIBIDO

¿La he utilizado yo     alguna vez?

¿En qué situación y para qué?
No le gusta lo que hay que hacer


Tener que dejar otra actividad que resulta más agradable


Por curiosidad, por experimentar (hacer lo que nos han prohibido)


Todavía no ha adquirido esa habilidad “No sé”


Pereza, gandulería


Lleva un gran esfuerzo y pocos beneficios lo que se le pide.


Cansancio


Pensar que no  le corresponde y que lo ha de hacer otro. Eludir la responsabilidad.


Argumentar que uno es así y que no va a cambiar.


No corre prisa, se puede hacer más tarde y no ahora.


Aburrimiento, monotonía.


Justificarse diciendo que  tiene que hacer otras cosas también importantes  


Todos mis amigos lo hacen así


Yo lo hice ayer, ahora que lo haga otro.



Con este ejercicio trato de que nos demos cuenta de que las personas, tanto los niños como los adultos, buscamos excusas constantemente para no realizar alguna de las tareas que nos resultan molestas y en nuestros hijos pueden ser desde los deberes hasta las tareas de casa.
Pero es que nosotros utilizamos estas excusas muchas veces cuando somos adultos, para alargar el tiempo del almuerzo en el trabajo, para no ir a trabajar o entrar más tarde, para no bajar la basura, no hacer la cena… y cuando decidimos NO utilizar estas excusas lo hemos hecho por varias razones:


-         Madurez            
-         Obligación
-         Compromiso
-         Valores
-         Responsabilidad
-         Evitar consecuencias negativas
-         Porque no íbamos a obtener ningún beneficio


Y la mayoría de estas razones no las hemos aprendido de un día para otro, si no que nuestros padres y la edad en primera instancia, y las consecuencias en segundo lugar, nos han hecho aprender cuales son nuestras responsabilidades, tarea que ha durado desde que nacimos hasta incluso después de la adolescencia.
Por lo que las conductas de los niños de no obedecer son naturales, evolutivas y lógicas y que la tarea de los padres es enseñarles a adquirir esa madurez y responsabilidad con los años.
Esto que parece una justificación no es tal, puesto que justificar el comportamiento de nuestros hijos no les enseña nada. Cuando cometen errores les tenemos que corregir y tienen que experimentar cuales son las consecuencias de esos errores, pero nunca está de más comprenderlos y recordar que:


“La paciencia es amarga, pero sus frutos son dulces”

Tampoco olvidemos que somos el modelo a seguir de nuestros hijos y que si queremos que aprendan determinados valores, es muy importante que seamos coherentes con ellos. 


Y por supuesto, nunca olvidemos pasar tiempo con nuestros hijos, tiempo donde disfrutemos con ellos, donde nos riamos y juguemos con ellos, porque en ese tiempo también están aprendiendo. :) 

Bibliografía: "Claves para la educación de los/las niños-niñas" González, F.