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lunes, 2 de noviembre de 2015

¿Cómo se afrontan los miedos?

María ha empezado a trabajar de recepcionista en un hotel. Siempre ha sido algo tímida y la perspectiva de tener que hablar con tanta gente le asustaba. Los primeros días lo pasó mal, se ponía roja y le costaba mantener la mirada. Pero algo fue sucediendo poco a poco. Es como si se hubiera adaptado a la situación. Unas semanas después de empezar, se siente cómoda, tranquila, es más, parece disfrutar con el contacto social.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo es posible que a María ya no le asuste estar en la recepción y hasta se sienta cómoda y le guste su nuevo trabajo? ¿Ha superado sus miedos?



Sí, María se ha enfrentado a la situación una y otra vez y al final se ha dado cuenta de que su trabajo es agradable y que no tiene ningún peligro, por lo que no tiene por qué estar asustada. Además su mente también lo ha entendido y ya no se pone nerviosa antes de ir a trabajar, ya no se le acelera el pulso, ni siente calor y las otras sensaciones de la ansiedad.
María ha superado sus miedos a través de lo que se conoce como el principio de exposición: cuando afrontamos una situación, sea la que sea, que nos produce miedo, el malestar acaba desapareciendo. Nos habituamos a ella y el miedo se extingue.

Esto se produce porque para nuestro organismo y nuestra supervivencia la ansiedad extrema o cualquier otra emoción intensa que produzca un desequilibrio en nuestro organismo nos hace desperdiciar mucha energía. Esta energía malgastada, sobre todo si no hay un peligro real, está mal vista por los mecanismos de nuestro cuerpo que se encargan de preservar la especie. Lo podríamos comparar cuando encendemos el motor del coche y aceleramos en punto muerto. Se estaría gastando energía que no contribuiría a nada práctico.

Así pues, nuestro organismo es experto en adaptarse. Cualquier situación nueva a la que nos enfrentamos provoca reacciones de alarma en nuestro cuerpo  pero rápidamente nos adaptamos para volver a un equilibrio de gasto energético y no desperdiciar nuestros recursos. Por ejemplo: cuando nos metemos en una piscina fría nuestro cuerpo se adapta, en un entorno ruidoso nuestro cuerpo se adapta, y si hace mucho calor nuestro cuerpo, también se adapta.

El principio de exposición es tan potente y usual que ocurre igual en las emociones positivas. Desafortunadamente para nuestro disfrute personal, cuando una situación tiene la capacidad de provocarnos emociones agradables, positivas o placenteras y nos exponemos una y otra vez a ellas, la intensidad de las emociones agradables se va reduciendo. El más delicioso de los manjares o la puesta de sol más espectacular va reduciendo su impacto a medida que repetimos la experiencia, ya que a nuestro organismo no le gusta desequilibrarse.

Esto parece muy fácil, pero supongo que estaréis pensando, si pero ¿cómo me enfrento a algo que me da mucho miedo de verdad? cuando estoy en esa situación, me bloqueo y tengo un malestar tan alto que no puedo reaccionar de otra forma que no sea escapando de esa situación o haciendo todo lo posible para evitarla. 



Cuando ocurre esto y es realmente un problema para nuestro día a día es el momento de acudir a un profesional de la psicología y ponerse manos a la obra para solucionar nuestro problema, el principio de exposición será el mismo, pero se trabajará de una forma más profunda y con la supervisión de un profesional, ya que si intentamos afrontar nuestros miedos "a lo loco", lo que puede pasar es que no lo sepamos controlar y acabemos perjudicándonos más de lo que nos ayuda. Con un psicólogo entenderás tu problema y aprenderás poco a poco a enfrentarte a él, sin que tu malestar llegue nunca a descontrolarse. 

Así que si es tu caso y quieres solucionar el problema no dudes en ponerte en contacto con un profesional que pueda ayudarte y DEJA DE VIVIR CON MIEDO. 



domingo, 16 de agosto de 2015

¿Hacer dieta es suficiente?

¿Quién no ha hecho dieta alguna vez? ¿Quién no ha intentado por las razones que sea comer mejor? ¿Quién nunca ha hecho cosas raras con la comida?

Si miramos a nuestro alrededor la mayoría de las personas que nos rodean están preocupadas por su imagen y su peso y a casi todos nos gustaría cambiar algo de nuestro cuerpo. Para esto nos dejamos arrastrar por la publicidad y por todo lo que nos venden que parece que nos llevará a conseguir lo que queremos con el mínimo esfuerzo.

           -          Exterior vs. Interior. La importancia de lo que tenemos dentro. Pincha aquí.
La dieta de la piña, comer menos de esto y más de aquello, comer solo fruta por las noches, hacer la dieta de Pepita porque a ella le ha ido muy bien, la dieta de la revista porque dicen que…, la dieta Dukan, la dieta depurativa,  el método no sé qué… y así hasta muchísimas más que vistas objetivamente no tienen ningún sentido. De esta forma intentamos controlar nuestra alimentación y bajar esos kilos de más… Pero en la mayoría de los casos lo que se consigue es cansarse de la dieta y recuperar o incluso engordar más que antes de empezarla debido al “efecto rebote”.
Cuando hacemos una dieta de este tipo no nos damos cuenta de que puede tener efectos negativos sobre nuestra salud, pudiendo llegar a causar graves problemas físicos y psicológicos:  
  1. Agravar el riesgo metabólico de las personas.
  2. Provocar desnutriciones proteicas y déficit en vitaminas y minerales.
  3. Desencadenar trastornos del comportamiento alimentario (anorexia y bulimia), a veces de mayor gravedad que el exceso de peso que se pretendía corregir. (Para más información sobre TCA pincha aquí .)
  4. Producir efectos psicológicos negativos.
  5. Favorecer el efecto rebote.

En un estudio en que se siguió la evolución de 22.944 adultos durante 10 años, se concluyó que el consumo prolongado de dietas pobres en carbohidratos y ricas en proteína se asocia a un incremento en la mortalidad total.

También es verdad que cada día aumenta la gente que quiere mejorar su alimentación y acude a un profesional, es decir, un nutricionista. De esta forma nos aseguramos de que la dieta que vamos a empezar a hacer es una dieta equilibrada, controlada y basada en argumentos científicos.

Aunque a veces, el mero hecho de que nos den una dieta no es suficiente para lograr cambiar nuestros hábitos y parece ser que falta algo más en la ecuación para poder llegar al objetivo deseado.

Diversos estudios demuestran que la pérdida de peso lograda exclusivamente a través del seguimiento de dietas hipocalóricas muestra un elevado índice de fracaso por las dificultades de adhesión mantenida al tratamiento como por la recuperación del peso una vez conseguida la meta. Podéis encontrar un ejemplo en:

Y es ahí donde entra el asesoramiento psicológico.

El mayor reto en la vida es descubrir quien eres. El segundo mayor reto es ser feliz con lo que encuentras. 

Cuando trabajamos desde la perspectiva psicológica en el tratamiento nutricional, se trabaja en:
  •          Clarificación de metas y objetivos
  •          Aumento de la motivación
  •          Aumento de la autoestima
  •          Resolución de problemas durante el tratamiento nutricional
  •          Control de impulsos
  •          Ansiedad por la comida y técnicas para controlarla

Con esto conseguimos controlar los factores que hacen que el tratamiento nutricional fracase y abordar desde un enfoque multidisciplinar el objetivo de perder peso, mejorando los hábitos alimentarios y atendiendo a los factores psicosociales.

Por tanto, si quieres perder peso, lo has intentado muchas veces y no has conseguido los resultados deseados, no dudes en acudir a un psicólogo que te pueda ayudar. En la actualidad ya hay muchas clínicas nutricionales donde trabajan con la colaboración de psicólogos y ofrecen tratamientos donde se combina la nutrición con la psicología.



viernes, 24 de abril de 2015

Carla, la tímida del grupo

Carla tiene 23 años. Estudia Economía en la universidad y vive con sus padres en Barcelona. Es una chica alta, de presencia física agradable y muy educada. Le gusta el cine, el atletismo y quedar con sus amigas de la infancia y con su novio.

Sus amigas la definen como la tímida del grupo, ya que es bastante callada e introvertida, pero es muy divertida cuando está en un entorno de confianza. Es risueña y no tiene problemas para relacionarse con sus familiares y amigos de toda la vida, pero tiene problemas para conocer gente nueva y  lo pasa muy mal en fiestas o eventos con mucha gente desconocida.


Carla ya no se siente a gusto con estas situaciones, porque cuando iba al colegio se manejaba bien, pero desde que va a la universidad se siente muy mal. Lo pasa mal en clase, cuando tiene que exponer o cuando algún profesor le hace alguna pregunta. Se pone super roja y el corazón le va a mil, tiembla y se traba hablando, así que intenta evitar por todos los medios posibles exponer y ha dejado de ir a las clases en las que la hacen participar demasiado.
En su clase ha hecho dos amigas, pero cuando hay más gente con ellas se pone muy nerviosa. Muchas veces acaba inventándose alguna escusa y se marcha a casa. Cuando se queda sola se siente aliviada, pero esto solo dura un rato. Luego piensa que está aislada y se siente sola. Ahora la mayoría de sus amigas estudian fuera de Barcelona y a sus amigas de la universidad les gusta quedar con más compañeros de clase y ella se siente muy incómoda. Carla quiere cambiar esto, hacer más amigos y sentirse cómoda y tranquila cuando esta con sus amigas de la universidad en la cafetería.
La relación con su novio es muy buena, la mayoría del tiempo lo pasa con él, pero el año que viene se va de Erasmus y Carla cree que va a pasarlo muy mal, porqué se va a sentir todavía más sola.
 


Después de leer esto, sabemos que Carla es una persona tímida e incluso que este exceso de timidez le está causando problemas en su día a día.

¿Carla es así o es algo que se puede cambiar?

La timidez es un estado anímico que se encuentra dentro de las emociones sociales y es una respuesta a la vergüenza. Es una pauta de comportamiento que limita el desarrollo social de quienes la experimentan dentro de su vida cotidiana. Aproximadamente el 20% de la población general sufre timidez.
A la timidez se la podría definir como un miedo social moderado donde el nivel de malestar fisiológico y cognitivo no es muy alto.
En el caso de Carla, su timidez o miedo social le está causando malestar en su vida cotidiana ya que la limita en la universidad y a la hora de conocer gente y para ella se está convirtiendo, más que en una característica de su personalidad, en un problema. Así que Carla ha decidido ponerle remedio y acudir al psicólogo.
En la consulta de un psicólogo se trata la Fobia Social: un miedo irracional y desproporcionado a un cierto número de situaciones de interacción social cómo:
  •          Asistir a fiestas o reuniones sociales
  •          Hablar en público
  •          Pedir información
  •          Relacionarse con figuras de autoridad
  •          Comer o beber en público
  •          Conocer gente nueva
  •          Escribir mientras se está siendo observado
  •          Ir de compras o hablar por teléfono.

Estas situaciones causan cierta ansiedad social a todo el mundo, además esta ansiedad es útil ya que es una motivación adaptativa que nos permite relacionarnos de forma adecuada con los demás en situaciones nuevas o importantes.
Para saber si Carla sufre de Fobia Social habría que indagar más en su caso. Ser tímido no significa tener Fobia Social y por supuesto ser tímido no es algo que necesite tratamiento psicológico, pero siempre que cause problemas en la vida diaria y sufrimiento emocional es bueno acudir a un profesional.
En los fóbicos sociales la ansiedad que sienten no guarda relación con la realidad de la amenaza y no acaba desapareciendo, como ocurre con la ansiedad social normal, por lo que sienten una gran cantidad de ansiedad en este tipo de circunstancias y acaban huyendo de ellas o evitándolas, cómo hace Carla con las clases, las exposiciones de trabajos y las fiestas con gente nueva.
Si te produce angustia emocional alguna o varias de las situaciones anteriores y quieres cambiar tu situación y sentirte mejor con tu vida y contigo mismo no dudes en acudir a un psicólogo.

Así que Carla ha decidido que quiere cambiar. Ha decidido acudir al psicólogo para trabajar sus problemas. Aprenderá habilidades sociales, trabajará sus pensamientos negativos y aprenderá a manejar su ansiedad hasta que este tipo de situaciones dejen de provocársela. Carla no se convertirá en una persona diferente, seguirá siendo la misma, agradable, divertida, educada, incluso tímida, pero ahora dejará de sentirse tan sola, podrá disfrutar de las reuniones con sus amigos de la universidad, sobrellevar las exposiciones y acudir a todas sus clases.
Si tú también quieres cambiar algún aspecto de vida, para seguir creciendo y sentirte mejor con tu vida y tus relaciones sociales, familiares o de pareja no dudes en acudir a un psicólogo. 

¡FELIZ VIERNES!






viernes, 13 de febrero de 2015

Sufridor profesional ¿yo? Que va

La preocupación. La preocupación es normal para todos. Todos nos preocupamos por los que más queremos, por lo que nos importa. No queremos que nuestra pareja sufra, que nuestros amigos pasen por malos momentos o que nuestros familiares tengan un accidente. Por eso les avisamos, les damos consejos y nos preocupamos por ellos, queremos que estén bien.

También nos preocupamos por nosotros mismos, por si estamos tomando buenas decisiones, por qué será de nuestro futuro, si estamos actuando bien con las personas que queremos, por nuestra salud, nuestro trabajo, nuestra dieta, nuestra imagen…


Cuánta preocupación ¿no?


Con tantas cosas en las que pensar muchas veces nos  colapsamos. No podemos parar de pensar en esa cosa que nos preocupa tanto. Durante toooodo el día tenemos pensamientos en nuestra mente acerca de esa cosa que tanto desasosiego nos causa. No hay manera de dejarlo estar.
Cuando estamos entretenidos con otra cosa o logramos concentrarnos en algo, la preocupación no desaparece si no que está ahí, en segundo plano, como flotando, para volver a aparecer en cualquier momento en que nuestra mente se despiste de la tarea que estamos realizando.

Y es que además, llegas a pensar que te tienes que preocupar, por qué si no piensas en ello ¿Cómo lo vas a solucionar? Además preocuparte hace que estés alerta. Si no te preocupas no vas a poder anticiparte a la situación, por lo que si en algún momento pasa eso tan terrible que crees que va a pasar no vas a estar preparado para reaccionar. ¿Qué pasará entonces?
Intentas dejar de preocuparte, pero ya piensas en la preocupación como en algo que tienes que hacer, porque seguro que si dejas de preocuparte, pasa. En el momento en el que bajes la guardia, pasará.

Tanta preocupación hace que sientas ansiedad, claro, todo el día con tanto pensamiento negativo en la cabeza, pues tu cuerpo reacciona. Estás tenso, sientes dolor en el pecho, el corazón te va más rápido, te cuesta respirar… ¡si es que tanta preocupación te va a matar!

Y así, día tras día… Intentas dejar de sentirte así: buscas soluciones, te distraes, hablas con tus amigos y familiares, vas al médico no sea cosa que tanta preocupación al final te cueste un disgusto, pero llega un punto en el que no sabes que hacer para dejar de sentirte así. ¿Qué haces? ¿Cómo sales de este círculo de preocupación?

Puede que al leer esto te hayas agobiado un poco (es lo se que pretendía) o puede que esto te suene mucho. Si es así, eres un sufridor profesional. Y tienes que saber que sufrir así no es normal. Preocuparse es habitual sí, pero cuando llega un momento en que no lo puedes controlar, tienes un problema. Un problema que se llama Ansiedad Generalizada.

Lo que define al trastorno de ansiedad generalizada, como habréis notado, es la preocupación. La preocupación excesiva. Llega un momento en el que es incontrolable, y la persona que la padece, sufre muchísimo, porque no sabe cómo salir de ahí. El día a día puede convertirse en algo agotador ya que es muy difícil poder desconectar. La persona se siente ansiosa, inquieta, impaciente, atormentada…

Afortunadamente este trastorno tiene solución, desde la psicología se ha desarrollado un tratamiento dentro de la rama cognitivo-conductual  efectivo. Por esta razón, si te sientes así, acude a un profesional.
Desde aquí animar a todos esos sufridores profesionales a que se cuestionen si eso que sienten es algo que les está causando verdadero malestar y a que acudan a un psicólogo, la mejor terapia para este tipo de trastornos es un tratamiento psicológico.


Si tu malestar no llega a ser tan grave, pero tienes a la preocupación rondando te pueden ser útiles varias estrategias:

-          Aprende a relajarte y a desconectar: como ya he comentado en post anteriores, tener tiempo para nosotros es fundamental, así que pinta, escucha música, haz deporte, baila, aprende técnicas de relajación, medita o lo que sea que te guste hacer en tu tiempo libre, pero desconecta por un momento de tu día a día  y relájate. Muchas veces no somos conscientes de cuanto necesitamos descansar y recargar las pilas. Tu estado de ánimo te lo agradecerá.

-          Cuando tengas alguna preocupación intenta analizarla desde un punto de vista objetivo. Si es un problema que tienes que solucionar  tendrás que dedicar tiempo a tomar una decisión analizando todas las variables del problema, así que verlo de forma objetiva te aclarará las ideas a la hora de decidir.

-          Recuerda que preocuparse no es malo y hay que permitírselo. Todo el mundo se preocupa, la incertidumbre por el futuro que vendrá es normal y además no podemos tener bajo control todos los aspectos de nuestra vida, tendremos que aceptar esto y dejar que el porvenir nos sorprenda.
Para terminar, aquí os dejo una tabla donde podéis encontrar las diferencias entre la preocupación patológica y la preocupación normal.


Preocupación patológica o improductiva
Preocupación normal
  •  Centrada en problemas distantes y abstractos 
  •  No se puede controlar y la influencia que podemos ejercer sobre ella es muy poca
  •  No se puede aceptar ninguna solución porque no garantiza el éxito
  •  Se busca implacablemente seguridad y certeza de resultados
  •  Tendencia a catastrofizar
  •  Se percibe indefensión para afrontar la situación
  •  Se asocia con altos niveles de ansiedad o angustia

  • Centrada en problemas inmediatos y realistas
  •  Se puede ejercer cierto control real o influencia sobre ella
  • Provoca que nos centremos en resolver el problema o la situación
  • Se permite probar y evaluar soluciones imperfectas
  • Hay voluntad de tolerar un riesgo e incertidumbre razonable
  • Se ven tanto resultados positivos como negativos de la situación
  •  Se percibe un mayor nivel de auto-eficacia para afrontar la situación
  • Asociada a niveles medio-bajos de ansiedad o angustia

viernes, 23 de enero de 2015

Ansiedad, ¿amiga o enemiga?

Imagina que vas caminando por la calle. Son las 3 de la mañana y vas por una calle poco iluminada tú sol@ volviendo a casa. No es una situación que te de miedo, ya que la zona donde vives no es peligrosa, pero vas atento a cualquier movimiento o sonido que puedas percibir.
De repente delante de ti ves moverse una sombra muy rápido. Tu respiración se acelera, tu corazón empieza a latir más rápido, tus músculos se tensan, sientes calor y en tu cabeza aparece una señal de alarma que te está diciendo que un peligro puede estar cerca. Avanzas un paso más y ves que esa sombra era la de un gato que pasaba por allí. Al darte cuenta, respiras con alivio y tu cuerpo se relaja.

Acabas de vivir una reacción de ansiedad.

Ante una señal de peligro tu cuerpo se ha preparado para luchar o huir. Esta señal que ha aparecido en tu cerebro ha alertado a tu Sistema Nervioso Autónomo para que se ponga en marcha. Todo nuestro cuerpo es capaz de movilizar energía para reaccionar en muy poco tiempo. 
Cuando te has dado cuenta de que no había ningún peligro, tu cuerpo también lo ha notado y se  ha encargado de refrenar la activación que antes ha provocado. Todo de forma automática y sin que nos demos apenas cuenta.
Esta reacción es exactamente la misma que tenían nuestros antepasados primitivos a la hora de enfrentarse a un peligro, así que se puede decir que la reacción de ansiedad es una respuesta innata y ha sido esta respuesta la que nos ha permitido sobrevivir a lo largo de la historia, preparándonos de forma eficaz para enfrentarnos a cualquier situación peligrosa.

Una situación peligrosa para nosotros no solo es tener que enfrentarte o escapar de un asaltante nocturno, también se activa esta reacción cuando se crea una situación de peligro mientras vamos conduciendo, cuando hablamos en público, tenemos que enfrentarnos a una entrevista de trabajo, tenemos una competición importante o un examen o tenemos que dar un concierto delante de un público numeroso.  
En todas estas circunstancias la activación de nuestro organismo es una aliada: hace que hablemos mejor, corramos más o pensemos más rápido.

Pero a veces, esta reacción innata de nuestro cuerpo se puede convertir en nuestra peor enemiga: cuando aparece ante situaciones que no son peligrosas (o la posibilidad de peligro es muy escasa) como viajar en avión o subir en ascensor; o cuando ante una situación especial dónde la persona necesita actuar de una forma determinada cómo hacer una audición o tener una entrevista de trabajo   no puede hacerlo bien debido a la gran cantidad de ansiedad que siente.
En estos casos, cuando la ansiedad que se siente no es normal para la situación en la que estamos o es demasiado alta, podemos hablar de trastorno de ansiedad.

Un trastorno de ansiedad que se da bastante a menudo es el pánico-agorafobia.

Aproximadamente un 20% de la población ha sufrido un ataque de pánico a lo largo de su vida.

Un ataque de pánico es la aparición súbita de una gran cantidad de ansiedad. Cuando aparece, se teme que ocurran desgracias cómo tener un ataque al corazón, volverse loco, perder el control, ahogarse o desmayarse.
La persona puede notar en ese momento: taquicardia, dolor, pinchazos o tensión en el pecho, sensación de ahogo y cambios en el ritmo respiratorio, visión borrosa, mareos, calor, tensión muscular entre muchos otros.

Cuando tienes un ataque de pánico aislado no tienes un trastorno psicológico, sin embargo, si después de esta experiencia los ataques de pánico se empiezan a dar con cierta frecuencia o hay un miedo claro o persistente a tenerlos, entonces sí que podemos hablar de trastorno de pánico.

Cuando se da un trastorno de pánico, la persona puede empezar a evitar ir a sitios o situaciones donde puede ser difícil obtener ayuda o escapar si se tiene una crisis. En este momento el trastorno de pánico también se da con agorafobia.
Por tanto, la agorafobia no es lo que se cree comúnmente como el miedo a estar en sitios abiertos, sino miedo a tener una crisis o ataque de pánico en un lugar donde escapar o pedir ayuda puede ser difícil o embarazoso.

La ansiedad es una emoción que todos sentimos, y que muchas veces no sabemos gestionar. La prueba está en cuando debido a la ansiedad comemos más, bebemos más alcohol o tomamos fármacos para evitar sentirla. Esto nos hace sentir mejor a corto plazo, pero a largo plazo puede ocasionar problemas como los comentados anteriormente.

Si tienes dudas y crees que la ansiedad que sientes te está causando dificultades, consulta a un psicólogo, te enseñará a gestionarla de forma eficaz para que deje de causarte molestias. Si tienes un trastorno de ansiedad, con un tratamiento psicológico podrás superarlo.







viernes, 16 de enero de 2015

¿Cómo sobrevivo a los exámenes de Enero?

Llega Enero y además de volver al gimnasio, leer más, dejar de fumar o cualquier otro propósito de año nuevo que nos hayamos propuesto, para los universitarios llega una época difícil: ¡¡LOS EXAMENES!!!
El artículo de hoy va dedicado a todos esos estudiantes que se han quedado sin disfrutar de las navidades metidos en la biblioteca entre comidas y cenas familiares y que han estado al pie del cañón con la resaca de Nochevieja. Cuántas horas invertidas delante de los libros para conseguir aprobarlo todo.
Ahora que ya están aquí, llegan los nervios: no me va a dar tiempo, hay mucha materia, me voy a quedar en blanco, no llego a todos los exámenes, no voy a sobrevivir a Enero!!! Tranquilo, sí que lo harás.

Tanto si te ha pillado el toro y necesitas acampar prácticamente en la biblioteca o este año sí que te has planificado bien y lo estas cumpliendo más o menos: no te olvides de tu vida social, es muy importante que en ese horario que te has marcado para estudiar te dejes tiempo para ti. Márcate descansos mientras estudias, sal a pasear, deja un ratito para ver tu serie favorita, queda con tus amigos al final de la tarde para tomarte una cerveza, haz deporte… Obviamente para obtener buenos resultados en los exámenes tienes que hacer muchas horas, pero eso no quiere decir que por ello tengas que sacrificar toda tu vida social. Realizar actividades que nos gustan y nos resultan placenteras ayuda a que nuestro estado de ánimo sea bueno, que nos sea más fácil concentrarnos y que estemos más relajados y dispuestos a estudiar más al día siguiente.

Tampoco te olvides de dormir bien: duerme entre 6 y 8 horas. Dormir nos ayuda a asentar los conocimientos y aprendizajes nuevos (cómo ya sabrás si has leído el post anterior). Si estamos cansados o no dormimos las horas necesarias nuestro rendimiento cognitivo baja, hasta el punto de que estar 24 horas sin dormir son para nuestro cerebro como si nos hubiéramos tomado 5 copas.
Estar todo el día estudiando, sin apenas descansar ni para comer o dormir hará que estemos más nerviosos, que nos concentremos menos y que nos pongamos de mala leche.

Confía en ti mismo, recuerda que has estudiado muchas horas y has hecho todo lo que has podido para aprobar el examen. Siempre se puede hacer más, eso es verdad, pero si has tenido poco tiempo  o pocas ganas o no tienes buenas técnicas de estudio, este no es el momento para lamentarse.  Estos fallos de organización tendrás que dejarlos para la próxima.
Estar nervioso ante los exámenes es normal, con toda seguridad la gran mayoría de tus compañeros están igual de nerviosos o más que tú.
Un examen es una situación que nuestro cuerpo interpreta como algo peligroso y la ansiedad no es más que un sistema defensivo. Este complejo sistema de nuestro organismo que nos hace sudar, temblar, tensar los músculos o tener pensamientos anticipatorios de fracaso (me voy a bloquear, no he estudiado suficiente o  voy a suspender) también nos hace rendir más. Al estar en un estado de tensión, nuestro cuerpo y nuestra mente están más alerta y preparados para enfrentarse a la situación: nuestro examen. Así que al fin y al cabo todos esos nervios que sientes pueden ser la clave para que en el examen te acuerdes de ese nombre que intentabas memorizar pero te costaba tanto y al final dejaste por imposible. Si no, fíjate en los deportistas, las mejores marcas o los récords del mundo los consiguen en las competiciones puesto que a diferencia de los entrenamientos, en los que, por ejemplo un saltador puede repetir su salto 20 veces, es en la competición cuando siente esa punzada de ansiedad que le hace saltar más lejos.

El problema viene cuando el grado de ansiedad que se siente es demasiado elevado. Si en tu caso la ansiedad te bloquea, te impide ir a hacer el examen, te causa tanto malestar que no puedes desconectar ni un minuto del día e interfiere en tu vida académica impidiéndote lograr los objetivos que quieres y también en tu vida personal creando problemas con tu pareja, tu familia o tus amigos, puede ser que tengas un trastorno de ansiedad ante los exámenes.

Este sería el momento de acudir a un profesional. Un psicólogo te puede ayudar a superar todas estas dificultades y a hacer que estudiar y hacer exámenes deje de causarte malestar y angustia.