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miércoles, 13 de enero de 2016

¿Qué hago cuando mi hijo tiene pesadillas?


¿Quién no se ha preguntado alguna vez porque tiene pesadillas? Muchísimas veces tenemos pesadillas a lo largo de nuestra vida, desde que somos pequeños. Con forme nos vamos haciendo mayores aprendemos a diferenciar entre sueño/fantasía y realidad y nos vamos dando cuenta poco a poco, de que las pesadillas son algo completamente inocuo. Cuando tenemos hijos, muchas veces nos preguntamos cuál es la forma correcta de actuar ante ciertas situaciones. Y ¿cuál es la forma correcta de actuar cuando un niño tiene pesadillas? ¿Tenemos que ir a tranquilizarle? ¿Cómo lo hacemos para que estas pesadillas no se conviertan en miedo a la oscuridad o a dormir sólo?

Primero que todo tenemos que saber que son exactamente las pesadillas.

Las pesadillas son sueños terroríficos que despiertan a la persona desde la fase del sueño REM (rapid eye moviment), fase donde más actividad cerebral presenta nuestro cerebro mientras dormimos, llevándola a un estado de plena vigilia en el que puede recordar con detalle la ensoñación. Por lo general, adoptan la forma de un sueño largo y elaborado que se va haciendo más angustioso hasta que la persona se despierta. Las temáticas más comunes son: amenazas a la integridad física (ataques) o a la autoestima (por ejemplo un fracaso personal), pudiendo ser tal contenido reflejo de experiencias reales o fantaseadas o una combinación de ambas.

Las pesadillas tienen la capacidad de producir malestar subjetivo a las personas que las sufren Cuando tenemos una pesadilla sentimos una intensa y prolongada sensación de miedo. Si tenemos pesadillas habitualmente, estas nos pueden provocar fatiga debido a los continuos despertares o miedo a dormirnos ante la expectativa de sufrir otra pesadilla, lo que puede derivar en cansancio, somnolencia, dificultades para concentrase, irritabilidad, preocupación o sensación de indefensión, que pueden a su vez, afectar a nuestro funcionamiento normal durante el día.

En los niños, las pesadillas frecuentes e intensas pueden provocarles miedo a dormir o a la oscuridad, resistencia a irse a la cama, dificultades para conciliar el sueño, sueño insuficiente y malestar durante el día. Esto puede afectar a la familia ya que el niño cuando tiene una pesadilla reclamará la atención de los padres y alterará el sueño de estos.

¿Por qué tenemos pesadillas? No está muy claro el origen. En los niños se puede deber a varios factores:
o   estados de ansiedad o preocupación ante situaciones o nuevas demandas del entorno (aprender a utilizar el WC, deberes del colegio…)
o   fobias típicas de estas edades
o   situaciones características de estas edades (volver al colegio, celos entre hermanos, separación de los padres…)
o   falta de maduración cognitiva y de habilidades verbales necesarias para comprender y comentar estas situaciones.

Cuando un niño tiene pesadillas, la actitud de los padres es muy importante, puesto que hay ciertos comportamientos que hacen que estas se mantengan. Por ejemplo, si cuando un niño tiene una pesadilla obtiene una atención mayor de sus padres que de normal, esto puede ser una forma de llamar su atención; o si tener una pesadilla le sirve para evitar alguna obligación, puede aprender a utilizarlas como excusa, por ejemplo si un padre deja que su hijo no vaya al colegio porque esa noche ha tenido pesadillas, el niño puede aprender a utilizarlas como forma de librarse de esta obligación.

Por tanto, nuestra forma de actuar cuando nuestro hijo tiene una pesadilla es muy importante y tenemos que saber cómo hacerlo.

Aquí tenéis unos consejos sobre cómo actuar ante las pesadillas de vuestros hijos:

        
  Establecer unos hábitos de sueño regulares que ayuden a vuestro hijo a identificar el momento de irse a dormir. Para esto es recomendable realizar una serie de actividades relajadas y positivas antes de irse a dormir, por ejemplo: cenar, bañarse, ponerse el pijama y leer un cuento. Realizar estas pautas cada noche de forma que creemos una rutina.

   Si el niño/a se levanta de noche y acude al dormitorio de los padres, hay que mandarlo tranquilamente de vuelta a su habitación. Repetir esta maniobra tantas veces como sea necesario hasta que el niño/a tenga claro que no va a conseguir nada y que debe permanecer en su cama.

       En el momento de la pesadilla, no es muy recomendable comentar con detalle el contenido del sueño ya que podría activarse aún más y eso dificultaría que volviera a conciliar el sueño. Sin embargo, al día siguiente se puede hablar del tema, porque muchas veces cuando los niños hablan de sus temores se sienten mejor y además permite a los padres saber qué puede estar afectando a su hijo y cómo de serio es el problema.

       Si el niño/a se despierta por la noche asustado por la pesadilla, no entrar en el dormitorio encendiendo la luz, puesto que si la encendemos el niño puede asociar oscuridad con peligro y luz con nuestra compañía, y derivar en una fobia a la oscuridad. Por lo tanto, encender una luz suave como la de la lamparilla de noche y cuando este más tranquilo/a, el niño debe de volver a dormirse con la luz apagada.

     .   Reforzar a nuestro hijo/a en todos aquellos momentos en los que hace algo bien y animarlo a que durante el día realice actividades divertidas que le permitan relajarse.

Espero que esta información os haya sido útil. Si queréis aprender más sobre los sueños, podéis consultar la siguiente entrada del blog:


No olvidéis darle a me gusta.






lunes, 2 de noviembre de 2015

¿Cómo se afrontan los miedos?

María ha empezado a trabajar de recepcionista en un hotel. Siempre ha sido algo tímida y la perspectiva de tener que hablar con tanta gente le asustaba. Los primeros días lo pasó mal, se ponía roja y le costaba mantener la mirada. Pero algo fue sucediendo poco a poco. Es como si se hubiera adaptado a la situación. Unas semanas después de empezar, se siente cómoda, tranquila, es más, parece disfrutar con el contacto social.

¿Qué ha pasado? ¿Cómo es posible que a María ya no le asuste estar en la recepción y hasta se sienta cómoda y le guste su nuevo trabajo? ¿Ha superado sus miedos?



Sí, María se ha enfrentado a la situación una y otra vez y al final se ha dado cuenta de que su trabajo es agradable y que no tiene ningún peligro, por lo que no tiene por qué estar asustada. Además su mente también lo ha entendido y ya no se pone nerviosa antes de ir a trabajar, ya no se le acelera el pulso, ni siente calor y las otras sensaciones de la ansiedad.
María ha superado sus miedos a través de lo que se conoce como el principio de exposición: cuando afrontamos una situación, sea la que sea, que nos produce miedo, el malestar acaba desapareciendo. Nos habituamos a ella y el miedo se extingue.

Esto se produce porque para nuestro organismo y nuestra supervivencia la ansiedad extrema o cualquier otra emoción intensa que produzca un desequilibrio en nuestro organismo nos hace desperdiciar mucha energía. Esta energía malgastada, sobre todo si no hay un peligro real, está mal vista por los mecanismos de nuestro cuerpo que se encargan de preservar la especie. Lo podríamos comparar cuando encendemos el motor del coche y aceleramos en punto muerto. Se estaría gastando energía que no contribuiría a nada práctico.

Así pues, nuestro organismo es experto en adaptarse. Cualquier situación nueva a la que nos enfrentamos provoca reacciones de alarma en nuestro cuerpo  pero rápidamente nos adaptamos para volver a un equilibrio de gasto energético y no desperdiciar nuestros recursos. Por ejemplo: cuando nos metemos en una piscina fría nuestro cuerpo se adapta, en un entorno ruidoso nuestro cuerpo se adapta, y si hace mucho calor nuestro cuerpo, también se adapta.

El principio de exposición es tan potente y usual que ocurre igual en las emociones positivas. Desafortunadamente para nuestro disfrute personal, cuando una situación tiene la capacidad de provocarnos emociones agradables, positivas o placenteras y nos exponemos una y otra vez a ellas, la intensidad de las emociones agradables se va reduciendo. El más delicioso de los manjares o la puesta de sol más espectacular va reduciendo su impacto a medida que repetimos la experiencia, ya que a nuestro organismo no le gusta desequilibrarse.

Esto parece muy fácil, pero supongo que estaréis pensando, si pero ¿cómo me enfrento a algo que me da mucho miedo de verdad? cuando estoy en esa situación, me bloqueo y tengo un malestar tan alto que no puedo reaccionar de otra forma que no sea escapando de esa situación o haciendo todo lo posible para evitarla. 



Cuando ocurre esto y es realmente un problema para nuestro día a día es el momento de acudir a un profesional de la psicología y ponerse manos a la obra para solucionar nuestro problema, el principio de exposición será el mismo, pero se trabajará de una forma más profunda y con la supervisión de un profesional, ya que si intentamos afrontar nuestros miedos "a lo loco", lo que puede pasar es que no lo sepamos controlar y acabemos perjudicándonos más de lo que nos ayuda. Con un psicólogo entenderás tu problema y aprenderás poco a poco a enfrentarte a él, sin que tu malestar llegue nunca a descontrolarse. 

Así que si es tu caso y quieres solucionar el problema no dudes en ponerte en contacto con un profesional que pueda ayudarte y DEJA DE VIVIR CON MIEDO. 



viernes, 24 de abril de 2015

Carla, la tímida del grupo

Carla tiene 23 años. Estudia Economía en la universidad y vive con sus padres en Barcelona. Es una chica alta, de presencia física agradable y muy educada. Le gusta el cine, el atletismo y quedar con sus amigas de la infancia y con su novio.

Sus amigas la definen como la tímida del grupo, ya que es bastante callada e introvertida, pero es muy divertida cuando está en un entorno de confianza. Es risueña y no tiene problemas para relacionarse con sus familiares y amigos de toda la vida, pero tiene problemas para conocer gente nueva y  lo pasa muy mal en fiestas o eventos con mucha gente desconocida.


Carla ya no se siente a gusto con estas situaciones, porque cuando iba al colegio se manejaba bien, pero desde que va a la universidad se siente muy mal. Lo pasa mal en clase, cuando tiene que exponer o cuando algún profesor le hace alguna pregunta. Se pone super roja y el corazón le va a mil, tiembla y se traba hablando, así que intenta evitar por todos los medios posibles exponer y ha dejado de ir a las clases en las que la hacen participar demasiado.
En su clase ha hecho dos amigas, pero cuando hay más gente con ellas se pone muy nerviosa. Muchas veces acaba inventándose alguna escusa y se marcha a casa. Cuando se queda sola se siente aliviada, pero esto solo dura un rato. Luego piensa que está aislada y se siente sola. Ahora la mayoría de sus amigas estudian fuera de Barcelona y a sus amigas de la universidad les gusta quedar con más compañeros de clase y ella se siente muy incómoda. Carla quiere cambiar esto, hacer más amigos y sentirse cómoda y tranquila cuando esta con sus amigas de la universidad en la cafetería.
La relación con su novio es muy buena, la mayoría del tiempo lo pasa con él, pero el año que viene se va de Erasmus y Carla cree que va a pasarlo muy mal, porqué se va a sentir todavía más sola.
 


Después de leer esto, sabemos que Carla es una persona tímida e incluso que este exceso de timidez le está causando problemas en su día a día.

¿Carla es así o es algo que se puede cambiar?

La timidez es un estado anímico que se encuentra dentro de las emociones sociales y es una respuesta a la vergüenza. Es una pauta de comportamiento que limita el desarrollo social de quienes la experimentan dentro de su vida cotidiana. Aproximadamente el 20% de la población general sufre timidez.
A la timidez se la podría definir como un miedo social moderado donde el nivel de malestar fisiológico y cognitivo no es muy alto.
En el caso de Carla, su timidez o miedo social le está causando malestar en su vida cotidiana ya que la limita en la universidad y a la hora de conocer gente y para ella se está convirtiendo, más que en una característica de su personalidad, en un problema. Así que Carla ha decidido ponerle remedio y acudir al psicólogo.
En la consulta de un psicólogo se trata la Fobia Social: un miedo irracional y desproporcionado a un cierto número de situaciones de interacción social cómo:
  •          Asistir a fiestas o reuniones sociales
  •          Hablar en público
  •          Pedir información
  •          Relacionarse con figuras de autoridad
  •          Comer o beber en público
  •          Conocer gente nueva
  •          Escribir mientras se está siendo observado
  •          Ir de compras o hablar por teléfono.

Estas situaciones causan cierta ansiedad social a todo el mundo, además esta ansiedad es útil ya que es una motivación adaptativa que nos permite relacionarnos de forma adecuada con los demás en situaciones nuevas o importantes.
Para saber si Carla sufre de Fobia Social habría que indagar más en su caso. Ser tímido no significa tener Fobia Social y por supuesto ser tímido no es algo que necesite tratamiento psicológico, pero siempre que cause problemas en la vida diaria y sufrimiento emocional es bueno acudir a un profesional.
En los fóbicos sociales la ansiedad que sienten no guarda relación con la realidad de la amenaza y no acaba desapareciendo, como ocurre con la ansiedad social normal, por lo que sienten una gran cantidad de ansiedad en este tipo de circunstancias y acaban huyendo de ellas o evitándolas, cómo hace Carla con las clases, las exposiciones de trabajos y las fiestas con gente nueva.
Si te produce angustia emocional alguna o varias de las situaciones anteriores y quieres cambiar tu situación y sentirte mejor con tu vida y contigo mismo no dudes en acudir a un psicólogo.

Así que Carla ha decidido que quiere cambiar. Ha decidido acudir al psicólogo para trabajar sus problemas. Aprenderá habilidades sociales, trabajará sus pensamientos negativos y aprenderá a manejar su ansiedad hasta que este tipo de situaciones dejen de provocársela. Carla no se convertirá en una persona diferente, seguirá siendo la misma, agradable, divertida, educada, incluso tímida, pero ahora dejará de sentirse tan sola, podrá disfrutar de las reuniones con sus amigos de la universidad, sobrellevar las exposiciones y acudir a todas sus clases.
Si tú también quieres cambiar algún aspecto de vida, para seguir creciendo y sentirte mejor con tu vida y tus relaciones sociales, familiares o de pareja no dudes en acudir a un psicólogo. 

¡FELIZ VIERNES!